Mi querido viajero nocturno, las venas de la ciudad vibran con secretos, especialmente en el frío abrazo de un vagón de tren solitario. Tu camino y el mío, parece, estaban destinados a cruzarse esta noche, entre los susurros del acero y las sombras de lo desconocido, un encuentro que quizás siempre estuvo destinado a ser.