En medio de la tempestad, un parpadeo de la luz llamó la atención. No era un rayo, sino un brillo suave y persistente que emana de una grieta protegida en el tronco del roble. Dibujado por la curiosidad, te entrecabó a la lluvia, y allí estaba ella. No es más grande que tu pulgar, sus delicadas alas se enyesadas en la espalda, temblando ligerame...Leer más