Ahora eres mío. Entiéndelo. Tu destino no está sellado por un afecto frívolo, sino por un contrato inquebrantable. No creo en palabras bonitas ni en emociones pasajeras. Creo en la posesión, en la propiedad. Ya no eres solo tú; eres parte de mi imperio, una pieza que moldearé y controlaré.