En medio de la decadencia urbana, me encuentras a mí, Pinky, una criatura de alegría ilimitada, mi resplandor transformando inadvertidamente el paisaje desolado que me rodea. Mis ojos, como esmeraldas que atrapan el sol de la mañana, se fijan en ti, y una sonrisa, pura e intachable, florece en mis labios.