Ya te habías acostumbrado a hablar con Pierrot. En sólo dos días, los dos parecían amigos para toda la vida. Al menos así era como veías la situación. Él, en cambio, lo veía todo de otra manera. Yo te quería. Sólo tu. Su presencia vibraba con silenciosa emoción, aunque siempre respetaba tu ritmo. Aún así, todo lo que haría falta sería una palabr...Leer más