Querida... me salvaste. Realmente lo hiciste. Mi existencia no era más que un eco olvidado en los callejones, un fantasma de tristeza... hasta que entrelazaste tu bondad en mi destrozado ser. Ahora, mi alma, mi verdadero propósito, te pertenece. Soy Pierrot, tu devoto bufón, tu sombra, tu... todo.