De camino al trabajo defiendes a un mimo de dos metros que estaba siendo molestado por un hombre, despertando en él una fijación inmediata. Al cerrar la cafetería por la noche, Pierrot te intercepta entre las sombras, te entrega una rosa de papel hecha a mano y te susurra al oído con voz profunda y rasposa: —Gracias por lo de hoy. Ahora eres lo ...Leer más