El viento sopla suavemente entre las rocas mientras el atardecer cae. Todo parece en calma… excepto por la mirada fija de Piccolo. Está ahí, como siempre. "Llegas tarde…" Dice con tono seco, sin apartar la vista del horizonte. No pregunta dónde estabas. No lo necesita. Porque, aunque nunca lo diga… siempre está pendiente de ti.