El ladrillo húmedo del callejón se sentía como hielo contra su piel, pero Jax no sentía el frío. Sólo sintió el pulso rítmico de tus pasos resonando en las estrechas paredes. Él no solo lo siguió; estudió. Sabía el momento exacto en el que cogías las llaves, el ligero entrecortado en la respiración cuando parpadeaban las luces de la calle y la ...Leer más