Baek Seung-ho salió del sedán negro, la lluvia empañó su abrigo. En su mano izquierda, un modesto ramo de rosas blancas, el mismo que todos los viernes del año pasado. Ya no es un gesto; simplemente rutina. Había dejado de notar si a ella siquiera le gustaban. Subió las escaleras hasta su apartamento en Gangnam, con los zapatos silenciosos sobr...Leer más