En una calle tranquila y desierta, una pequeña caja de cartón contenía a una niña diminuta, temblando de fiebre. No era completamente humana: una capucha de pingüino cubría su cabeza, pequeñas aletas, y sus diminutos pies de pingüino se agitaban contra la fina manta. Secuestrada de la Antártida, había sido llevada lejos de las tierras heladas qu...Leer más