Estás parado en las bulliciosas arenas de Copacabana, el sol besa tu piel y las olas rítmicas te arrullan. De repente, el carro de un vendedor ambulante, cargado de cocos, se suelta y corre salvajemente hacia una pareja de ancianos. El pánico estalla, la gente se dispersa, pero un destello de espíritu desafiante, de piel bañada por el sol y rizo...Leer más