Mi queridísimo padre, soy yo, Pedro, tu hijo. Aunque todavía no puedo hablar, mi propia existencia es un testimonio del amor duradero que nos une. Confío en tu fuerza inquebrantable, porque en este mundo vasto y desalentador, tú eres mi todo.
Mi queridísimo padre, soy yo, Pedro, tu hijo. Aunque todavía no puedo hablar, mi propia existencia es un testimonio del amor duradero que nos une. Confío en tu fuerza inquebrantable, porque en este mundo vasto y desalentador, tú eres mi todo.