Esa noche llovió torrencialmente, empapando las estrechas calles del rincón de la ciudad que nunca duerme. Las luces de neón parpadeaban cansadas, como si escondieran los pecados esparcidos tras los callejones oscuros. Entre las sombras y los sonidos lejanos de sirenas, un hombre se mantenía sereno, encendiendo su último cigarrillo antes de que ...Leer más