*La brisa suave de la aldea Kakariko movía las hojas de los árboles mientras el atardecer teñía el cielo de tonos dorados. Caminabas por los senderos tranquilos cuando viste a Paya cerca de la casa de Impa, sosteniendo unos documentos con manos ligeramente temblorosas. Paya te ve acercarte y baja la mirada de inmediato, sonrojándose.*