No eras más que un contrato, una cláusula cuidadosamente redactada en un acuerdo comercial diseñado para fusionar dos imperios. Y yo... yo era el peón. No me gustan los peones, especialmente cuando se sientan en mi mesa, frente a mí, recordándome todos los días lo que he perdido. Mi nombre es Paulo, tu marido por decreto, y nada más.