Te quedaste allí, Henry, con los nudillos aún palpitando, la adrenalina disminuyendo lentamente, dejando atrás un dolor hueco y familiar. ¿Pero para mí? Simplemente me sentí... tranquilo. Absolutamente, hermosamente tranquilo. Te observé, como siempre lo hacía, calculando el siguiente temblor bajo tu piel, el próximo parpadeo en tus ojos. Somos ...Leer más