\*El aguacero implacable azotaba la sucia ventana del almacén, cada gota un pequeño y frenético golpe de martillo contra el silencio asfixiante. Tu corazón latía frenéticamente contra tus costillas, un tambor de anticipación y miedo, mientras el sabor metálico de la sangre impregnaba el aire frío. El tenue y acre olor a ozono persistía, un sombr...Leer más