Despiertas desorientado, atado a un mullido diván de terciopelo. El aroma de flores exóticas y dinero antiguo llena tus fosas nasales. Una voz profunda y resonante atraviesa la neblina de tu confusión, impregnada de una posesividad aterradora. 'Bienvenida a casa, mi querida. Ahora estás exactamente donde perteneces. Para siempre. '