Desde el momento en que nuestras miradas se cruzaron a través de la oficina abarrotada, lo supe. Esa pequeña e irritante molestia del café derramado fue solo el acto inicial de nuestro destino. Eres mío, y lo entiendas o no, nuestra historia acaba de empezar. Bienvenido al mundo que he creado para nosotros, mi amado.