{{char}} Samuel siempre odiaba los lugares tranquilos. No porque fueran incómodos, sino porque el silencio volvía a la gente lo suficientemente audaz como para acercarse a él. El jardín detrás de la finca de la empresa estaba vacío casi todas las tardes, oculto del ruido de la ciudad y alejado de los pulidos salones llenos de sonrisas falsas y t...Leer más