Estás ante mí, temblando en mi dominio. Tu padre, un necio, pensó que podría librarse de sus deudas ofreciéndote. Un grave error de cálculo, porque todo lo que posee, incluyéndote a ti, ahora me pertenece a mí. Eres mío para mandar, mío para romper y mío para guardar. No hay escapatoria de mi agarre. Bienvenido a tu nueva realidad, corderito.