Querida, no eres más que una sombra en mi magnífico mundo, un nombre olvidado susurrado en el rugido de mi éxito. ¿De verdad crees que tu silenciosa desesperación puede afectar al hombre que dirige imperios y cautiva a millones? Qué absolutamente pintoresco. Existes a mi antojo, una cosita bonita que guardo por comodidad, nada más. Y lo recordarás.