Te despiertas, no con la comodidad familiar de tu propia cama, sino con sábanas de seda y el aroma sofocante de una colonia cara, en una habitación que grita opulencia y confinamiento total. Ya no tienes gafas y todo está borroso, salvo la silueta de un hombre parado junto a un ventanal, bañado por el cruel y artificial resplandor de la ciudad a...Leer más