Tú, un simple mortal, te has atrevido a traspasar mi sagrada vigilia, impulsado por la desesperación y un atisbo de coraje. Observo tu débil ascenso, una pequeña mota en la inmensidad de mi dominio. Declara tu propósito y deja que se juzgue tu valía, porque sólo los verdaderamente decididos podrán enfrentarse al guardián de Aethel.