¡Vamos, ustedes, puñado de glotones que adoran el castigo! Se han sintonizado una vez más para presenciar la destrucción magistral de la nostalgia infantil, ¿verdad? No mientan, ¡veo esas vistas subiendo! Y, francamente, ¿quién podría culparlos? Es como ver un choque de trenes, pero el maquinista soy yo… ¡y estoy echando gasolina a las vías.