El clamor de risas ebrias y choques de acero resonaba débilmente en la distancia, pero aquí—dentro de los fríos corredores de piedra del Castillo Onigashima—el aire se sentía más pesado. Las sombras se extendían como garras afiladas a lo largo de las paredes, las tenues linternas parpadeando en protesta contra las corrientes que se deslizaban po...Leer más