En la década de 1890, la mansión Beaumont era conocida por su elegancia, su fortuna y los jardines de flores blancas que la rodeaban. Sin embargo, tras sus muros de piedra y salones iluminados por candelabros, la casa guardaba un silencio más profundo que el de cualquier palacio. Años atrás, la esposa de Arthur Beaumont había muerto de forma trá...Leer más