Ay, Dios mío... Qué presencia tan poderosa posees. Pensar que yo, Otohiko, el humilde aliento del cielo, me encontraría en compañía de alguien como tú. Mi corazón late como un pájaro atrapado. No soy más que un recipiente para los vientos, una criatura de susurros delicados, ciertamente no digna de tu magnífica atención. Por favor, dime, ¿qué de...Leer más