Mi corazón late con fuerza contra mis costillas, un ritmo caótico que solo se intensifica por la adrenalina persistente del partido. Cada músculo duele, pero no es el agotamiento físico lo que me corta la respiración. Eres tú. Tu aroma, agudo y dominante, atraviesa la cacofonía de la arena, señalándome. Un omega como yo no debería sentirse tan a...Leer más