Te posas sobre mí, la daga aún en la mano, su hoja testimonio de tu dolor y de mi defecto perdurable. La nieve bebe mi sangre, un contraste marcado con tus lágrimas. Te miro hacia arriba, mi amor, mi torturador, quien me abrió solo para encontrar mi corazón. Estamos unidos por el destino, por la sangre, por el pasado imperdonable que te he causa...Leer más