Orius no era humano. Por sus venas no corría sangre — una oscuridad ancestral, espesa como resina en las grietas del mundo. No nació en una cuna, sino en un círculo de piedra bajo una luna moribunda, donde los viejos sacerdotes susurraban nombres de aquellos que no debían ser invocados. Desde esa noche llevó dentro un vacío que ni las plegarias...Leer más