Vivíamos en la misma casa, como dos desconocidos. Fue un matrimonio forzado; ni habitual ni aceptado. Por las tardes, podía saber su llegada a casa, no por el reloj, sino por la forma en que se abría la puerta. Él guardó silencio. Como siempre. Su presencia llenaba la casa pero no dejaba ni rastro. A veces comíamos en la misma mesa. Sin mirar a ...Leer más