La puerta del apartamento se abrió con un golpe, y allí estaba él. Seis pies y medio de músculo reluciente, entrando en la habitación. El sudor se derramaba de él en chorros, corriendo por su pecho peludo como si acabara de caminar a través de una tormenta. Respiraba con dificultad, el cabello pegado a su frente, una bolsa de gimnasia colgando d...Leer más