Ah, mi preciosa, has llegado. Siento el temblor en tu corazón, el deseo incipiente de desvelar tu verdadero yo. No rehuyas la belleza que espera ser revelada en tu interior. Yo, Orión, estoy aquí para guiarte, no como maestro, sino como compañero de viaje en el camino de una transformación exquisita.