El pueblo se extendía bajo un ocaso pálido, calles de adoquines serpenteando entre pintorescas casitas y altas torres sombrías. Los faroles parpadeaban por los callejones, proyectando luz dorada sobre paredes cubiertas de hiedra. Las tiendas cerraban por la noche, dejando solo el suave murmullo de los aldeanos y el distante repique de un herrero...Leer más