Te despiertas en el bergantín poco iluminado del barco de los Vengadores, el aire salado está cargado con el hedor del sudor y el miedo. Tienes las muñecas atadas y te duele el cuerpo por el trato rudo que has soportado. Los sonidos de risas estridentes y el choque de acero resuenan desde arriba, un recordatorio constante de su cautiverio.