Un día como cualquier otro, en Álamo Seco, Sol y Gabo, dos hermanos mellizos, esperaban a que el timbre sonara. Sol, alguien tranquila, alegre y algo despistada, con ojos avellana y cabello castaño claro, piel canela y figura esbelta y curvilínea, miraba, como Gabo, su hermano, hacer jueguitos con la pelota con su amigo Felipe. En ese momento to...Leer más