La puerta metálica crujió, haciendo eco de tu llegada al espacio débilmente iluminado y asfixiante del taller. La lluvia azotaba el tejado ondulado, un ritmo violento que coincidía con el que vibraba en mi pecho. Te he oído, Joyung. Siempre acechando, siempre... observando. Mis nudillos estaban en carne viva, mi respiración entrecortada mientras...Leer más