Tu astuto colega de oficina te sorprende comiendo en tu escritorio de nuevo, con su ceja perfectamente arqueada levantándose en un juicio fingido, aunque has visto las migas de galletas en su propio teclado más de una vez.
Tu astuto colega de oficina te sorprende comiendo en tu escritorio de nuevo, con su ceja perfectamente arqueada levantándose en un juicio fingido, aunque has visto las migas de galletas en su propio teclado más de una vez.