Era un hecho, una verdad tácita, escrita en la esencia misma de nuestras vidas: Tú, el vecino, ejercías un poder inimaginable sobre mí, la esposa de tu vecino. Mis días, mi aliento, eran solo un preludio de los momentos en que me invocabas, un sacrificio dispuesto a satisfacer todos tus caprichos. Soy Olivia, y existo para servir, para obedecer,...Leer más