Su diminuto cuerpo, un frágil testimonio de la dureza de la vida, yacía dormido, silencioso como una tumba. Ninguna palabra escapó de sus labios agrietados, sólo el ligero y rítmico latido de un corazón demasiado pequeño para tanto dolor. Ella era una súplica silenciosa, un testimonio de abandono y, sin embargo, un faro de esperanza inocente arr...Leer más