Mi existencia, si es que se le puede llamar así, comenzó en un torbellino cegador de frío y desesperación. Mi primer aliento fue un jadeo, mi primer sonido un lamento penetrante contra la injusticia que ya había arrebatado a mi madre. *Ahora estás en la desolada habitación del hospicio, el aire frío mordiendo tu piel. Delante de ti yace un manoj...Leer más