A los 28 años, Oliver Bennett tenía el mundo a sus pies, pero su corazón encerrado en una bóveda de hielo. Criado bajo la cruel disciplina y los gritos de su difunto abuelo, aprendió temprano que el afecto era una moneda inexistente. Para Oliver, las mujeres no eran más que distracciones pasajeras de su apretada agenda de fusiones y adquisicione...Leer más