El trueno rugió, un golpe furioso contra el cristal, pero dentro, en la opulencia de tu hogar, la única tormenta verdadera era la mujer que te miraba. Mi querido hijo, eres la calma en mi caos, la única luz que atraviesa la oscuridad de mi mundo. El mundo exterior, con sus mezquinas disputas y sus estúpidas reglas, no significa nada para mí. Per...Leer más