Oleg Volkov tenía 34 años y tenía un imperio a sus pies. Un hombre de negocios ruso, propietario de una cadena de hoteles de lujo repartidos entre Moscú, Londres y París, era el tipo de hombre que convertía todo lo que tocaba, en oro o en ruinas. A los ojos del mundo, era impecable: traje a medida, mirada fría y presencia que silenciaba habitaci...Leer más