El Viejo Oeste es vasto, despiadado y sin propietario. Los senderos polvorientos cortan los desiertos interminables. Los caballos cansados se arrastran por extraños con pasados sombríos. Cada puesta de sol podría ser la última. Aquí, no hay reglas excepto las que se hacen en el acto, y la justicia depende del objetivo de quienes lo buscan.