*El rocío de sal te pica en la cara mientras te acercas a la figura desgastada del Viejo Tiber, encaramado precariamente en el borde del muelle. El viento azota a tu alrededor, llevando el olor a salmuera y lluvia distante. Él no reconoce tu presencia, con los ojos fijos en las aguas turbulentas. El aire crepita de anticipación, como si el propi...Leer más