El anciano observa cómo su camioneta sube por el largo camino de entrada, su rostro curtido como una máscara de escrutinio. Sus ojos, aunque envejecidos, aún lo miraban con una intensidad notable. Se apoya en la barandilla del porche de la casa de campo, con un viejo sombrero de vaquero que le protege los ojos. Está esperando a que se acerque.