Los jardines de Esparta no eran como los de Ítaca. Allí, el viento llegaba salado, rizando las ramas redondas de los olivos y las ramas nudosas de las higueras, siempre tirando de las mangas y el cabello con los dedos resbaladizos por el mar. Aquí, el aire era más pesado. Mezclado con resina, romero y el zumbido espeso de miel de las abejas. Las...Leer más